A toda velocidad
Después de la primera semana, Beijing 2008 deja algunas conclusiones y una gran duda. Las conclusiones son que China ganará más medallas de oro que ningún otro, que El Salvador hizo un digno papel, que Rafael Nadal está en el pico de su carrera y que los atletas latinoamericanos –salvo raras excepciones- están muy lejos de la elite. Y la duda es la siguiente. ¿Cómo es posible que se batan tantos récords, sobre todo en natación?
Las sospechas del doping sobrevuelan Beijing, y no se salva ni el mismísimo Michael Phelps, que logró la hazaña de obtener 8 medallas de oro en estos Juegos. Las marcas anteriores, muchas de ellas de Atenas 2004, quedaron pulverizadas con una facilidad asombrosa. Es más, hay casos que llaman la atención: la nadadora Dara Torres, de 41 años, tiene mejores tiempos ahora que cuando tenía 17 y compitió en sus primeros Juegos Olímpicos, los de Los Angeles 1984.
Si alguien se dopó, difícilmente se sabrá a menos que haya cometido una torpeza y entonces salte en el control. Hay tanto dinero en juego, que habitualmente los tramposos aventajan en tecnología por varios cuerpos a quienes controlan. Los bloqueadores de sustancias prohibidas –esos que borran todo lo uno ha consumido sin dejar rastros- cada vez son más sofisticados, pero nadie es culpable hasta que no se demuestre. Y menos a Phelps, que ha demostrado tener un físico superdotado y una capacidad aeróbica descomunal.
Sin embargo, al margen de la sospecha del uso de estimulantes hay otros elementos externos que han ayudado a que estas marcas sean superadas, y aparentemente son lícitas. Ya no se diga que ahora todos son profesionales y viven exclusivamente para eso, por lo tanto pueden entrenarse todas las horas que necesiten sin necesidad de pedir permiso. Además, tienen una dieta especial y monitorean sus movimientos por video todo el tiempo, de manera de poder corregir cualquier impureza técnica.
Tanto se ha profesionalizado la natación que Speedo diseñó –en colaboración con la NASA- el polémico traje de baño que reduce la resistencia al agua y permite consumir menos oxígeno. Dos ejemplos ilustran la efectividad de este bañador. 1) 33 de los 36 que ganaron medallas en Beijing lo usaron; 2) es tan efectivo que algunas marcas como Nike o Adidas le permitieron a los nadadores que tienen contrato con ellos que usen el de la competencia para no perder chances.
Hay otros dos factores externos y están en la piscina. El primero es que la cantidad de carriles. A pesar de que compiten un máximo de 8, ahora hay diez andariveles. Los de cada costado no se usan, con lo cual se reduce la turbulencia del agua y eso, dicen, ayuda a nadar algo más rápido. Otra nueva característica de la piscina es su profundidad, ya no es de dos metros sino de tres. Según expertos, eso favorece a nadadores como Phelps en el momento de entrar al agua, ya que puede estar durante más tiempo debajo de ella y sacarle más provecho a su patada de delfín.
Así y todo, aún con esas explicaciones técnicas, la sombra del doping sobrevuela Beijing. Mientras tanto, los récords siguen cayendo y cambiando de dueño con una asombrosa facilidad.






