Lagrimas de un niño en Comayagua
La habitación del hospital era pequeña, ahí 6 camas albergaban a reos que sobrevivieron al incendio dentro del penal de Comayagua, los estragos del fuego en sus cuerpos eran muy grandes, sus tatuajes estaban casi borrados de sus espaldas a consecuencia de las llamas, algunos caminaban como para matar el tiempo y olvidar lo ocurrido, otro miraba por una ventana hacia el horizonte como queriendo volar. Un sequito de policías custodiaba la entrada a la habitación armados hasta los dientes.
Uno de estos reos fue el único sobreviviente del hogar 6, punto de donde se presume inicio el fuego; al verme llegar junto a un colega fotógrafo sus voces se subieron de tono y nos mostraron su rechazo e inconformidad a nuestra visita aduciendo que sus enemigos sabrían que habían sobrevivido al incendio y los tratarían de matar. Los dejamos hablar por unos minutos y poco a poco fuimos entrando en una platica con ellos, la conversación se prolongo y contrario al recibimiento que habíamos tenido escuchábamos sus relatos; relatos que poco a poco llenaban sus ojos de lagrimas.
“Yo estaba dormido, al oír gritos abrí mis ojos y lo primero que vi fue el techo prendido en llamas, me tire de la cama y empecé a ver a mis amigos de celda llorar, gritar y pedir auxilio” comento 1 de los reclusos. El sobreviviente del hogar 6 me cuenta que mojo una sabana en una pila de agua que había dentro de la celda, se envolvió en ella y se tiro al suelo, solo escuchaba a sus amigos gritar y pedir auxilio, según el reo la presión del fuego reventó los candados, lo que le permitió salir de la celda y correr, luego tuvo que saltar para abandonar el área del incendio y se quebró un pie, ahora el esta cubierto de crema una buena parte de su cuerpo con un yeso en la pierna derecha y esperando que el gobierno analice su caso y se le permita salir en fase de confianza puesto que le falta 1 año para cumplir su condena.
Unos amigos saldrían libres en 2 días me cuenta, en ese momento un fuete llanto interrumpe mi entrevista el líder del grupo de reos que esta ahí, lloraba como un niño a mi lado, “Ya no quiero volver ahí, perdí a mis amigos…decía entre llantos… esos perros nos quemaron ….que animales” “Porque tenia que estar ahí yo decía” esas palabras me sonaron a arrepentimiento, el tenia ya 4 años guardando prisión por estar en pandillas, sus tatuajes lo corroboran, hasta en ese momento quizás el pudo desahogarse y reflexionar sobre sus decisiones pasadas. Me impacto mucho como el que se había mostrado muy rudo y retador con nosotros minutos atrás ahora estaba totalmente quebrantado y muy vulnerable. No había mucho que decirle a aquel hombre, que luego me comentaron los policías estaba recluido por asesinatos y robos; en ese momento el era un niño que lloraba esperando el consuelo de su madre.
En blogs futuros contare mas de lo que vi en esta cobertura en Honduras.


