La usuluteca que conquistó Maryland
Jessy Mejía nació en Usulután. Vino a los Estados Unidos cuando tenía 7 años. Se graduó de bachiller en 1998 de la High Point High School en Prince George, un condado de Maryland en el que el crecimiento de la población hispana ha sido de 126% en 10 años según el Pew Hispanic Center. Estudió su licenciatura en gobierno y ciencias políticas en la Universidad de Maryland e inició un master en la Universidad George Washington. Hoy, el nombre de esta usuluteca es reconocido y apreciado por igual en la gobernación de Maryland, en el congreso estatal, en su cámara de comercio y en el partido demócrata. Su curriculum incluye puestos que hablan de un futuro político inminente.
Jessy Mejía es, entre otras cosas, directora de la Oficina de Asuntos Hispanos del gobernador de Maryland, Martin O’Malley, un demócrata al que revistas especializadas y el Washington Post han mencionado como contendiente a la presidencia en 2016.
Antes, mucho antes de ser protagonista de la escena política en Maryland, Jessy Mejía era otra niña salvadoreña atrapada entre la inocencia de sus correrías infantiles en Usulután, el lugar de origen que su memoria dibuja como un inmenso mapa de aventuras, y los recuerdos macabros de la guerra que estaba a punto de ser en El Salvador.
“Mis mejores recuerdos son los de mi infancia. Tardes infinitas jugando en un patio inmenso, que me obligaba a ser creativa”. Esa imagen, la del patio de la casa de sus abuelos, es la que aún le azuza la nostalgia desde Estados Unidos, un país de edificios de apartamentos, jardines escasos e inviernos fríos que te encierran en el confin finito de tu sala.
Hoy, desde su traje sastre y su inglés impecable, Jessy se sabe ciudadana de Maryland, de Estados Unidos, pero como cualquier inmigrante de primera generación sigue amarrada por el fortísimo lazo emocional que la une con el oriente salvadoreño. “Tengo grabadas las casas de mis abuelos paternos, en Usulután, y maternos en San Jorge, San Miguel. Mis abuelos eran hombres amables. Recuerdo a mis abuelas pidiéndonos rezar el Padre Nuestro en lugar de andar corriendo por la casa. Y mis tíos eran estudiantes universitarios o de secundaria; de ellos, que debatían constantemente sobre la situación política, obtuve un sentido de responsabilidad por mi país.” Fueron aquellas pláticas de familia, acaso, las que despetaron el ser político de Jessy. Fue esa, tal vez, la primera semilla que a la postre desarrolló una identidad política construida desde los conceptos estadounidenses que, en lugar de usar palabras como derecha o izquierda, acuden a términos como liberal o conservador. Ella es, lo dice sin ningún asomo de duda, “demócrata con fuertes tendencias liberales (un inciso obvio pero necesario: en la axiología política latinoamericana la definición bien podría ser, simplemente, de izquierda).
De aquellos días le vienen también imágenes de zozobra. Sus escasos cinco años le impedían comprender del todo por qué el miedo siempre la rondaba; por qué la ansiedad crecía cuando, en las tardes, su madre no llegaba a casa a la hora marcada por la rutina. Hoy, muchos años después, lo entiende: El Salvador de su infancia, a pesar de las alegrías vividas en el patio de los abuelos, estaba ya condenado por los nubarrones de la guerra.
“Sabía que eran tiempos peligrosos. El temor de perder a mi mamá es un recuerdo aún muy vívido de hecho. Cuando era niña los adultos trataban de protegerme. Yo me cuidaba mucho de que mi mamá no se diera cuenta de que tan asustada estaba para que ella pudiese mantener la fuerza”. Jessy se escondía cerca de la plática de los mayores. A hurtadillas escuchaba las que ella misma llama “historias de horror”: “Fulano murió ayer. Encontrar un cuerpo. Aquel desapareció. Encontraron el cuerpo de una mujer violada. Todo eso hacía que siempre estuviera pendiente sobre mi mamá: empezaba por estar atenta si se retrasaba cinco minutos en su llegada del trabajo; a los diez minutos empezaba a preocuparme pero intentaba ocupar mi mente jugando con muñecas; a los quince minutos empezaba a pedir a algún adulto que me dejara salir para ver si podía verla caminando hacia casa…” Era un miedo permante, cuenta Jessy, del que hasta ahora su madre no es del todo conciente.
Aquellos tiempos, lejanos en el calendario, le marcaron la existencia y definieron, sin duda, su identidad. Ella es, dice, salvadoreña. “En los Estados Unidos las distinciones son primero, y sobre todo, entre raza y etnia. Me considero latina, pero específicamente salvadoreña y estoy orgullosa de ello por supuesto. En El Salvador creo que soy tan salvadoreña como cualquier otro en las calles.” Sus gustos músicales hablan sobre estas certezas: bachata, cumbia y vallenato, si acaso una pizca de rock en español.
Una “insider”
Hoy, El futuro pinta prometedor para esta salvadoreña que entró hace rato a la escena política de Maryland y del partido demócrata. En la agenda inmediata Jessy incluye el trabajo político en el estado y en Washington para apoyar la propuesta de Dream Act -legislación que permitiría a las autoridades de Maryland otorgar financiamiento a estudiantes indocumentados y que en este estado favorecería sobre todo a jóvenes salvadoreños- que ha impulsado el gobernador O’Malley. Esta tarea adquiere, en estos días de precampaña presidencial en Estados Unidos, particular importancia, ya que los demócratas, encabezados por el Presidente Barack Obama y por los protagonistas políticos más promigrantes del partido, harán todo lo posible para posicionarse en el tema a fin de ganar el voto latino. (El miércoles 28, el New York Times publicó una pieza sobre la importancia del Dream Act y cómo jugará en la campaña presidencial).
Como directora de la oficina de asuntos hispanos de O’Malley, Jessy Mejía trabaja junto a 21 profesionales, hombres y mujeres, líderes comunitarios, académicos, miembros de ongs, abogados, doctores, educadores nombrados por el gobernador. El grupo es vitrina de un estado que en los últimos 10 años ha visto ampliada su diversidad racial, sobre todo por el crecimiento exponencial de la población hispana: 93.2% de 2000 a 2010 según un estudio del Pew Hispanic Center. Maryland es, además, uno de los estados en la mayoría de cuyos condados la comunidad hispana ha crecido a un ritmo superior al 75%.
Jessy Mejía es, también, miembro del comité ejecutivo de la cámara de comercio de Maryland, directora estatal de la oficina de enlace con votantes latinos para el partido demócrata y directora estatal de Latinos por Obama. Todos las tarjetas de presentación hablan de una joven que, por decir lo menos, es ya una “insider” en la política de Maryland, el único estado de la Unión que cuenta con un senador estatal salvadoreño, Víctor Ramírez. En el caso de Jessy, la pregunta por su futuro político no parece ociosa. Por ahora, como buena política, se limita a responder que está empeñada en desempañar bien sus múltiples funciones y en sentar las bases de una empresa de asesoría.
La niña usuluteca, que sigue guardando el recuerdo de los días en que se colaba hasta la azotea del palacio municipal de la ciudad oriental para jugar en una pajarera que ahí había, es dueña ya de una experiencia que hoy le permite hablar, con certezas adquiridas en los enclaves políticos del estado, sobre el futuro de la vibrante comunidad salvadoreña de Maryland, que a pesar de ser minoría mayoritaría en el estado aún no ostenta todo el poder que podría tener en Baltimore (la capital comercial) o Annapolis (la capital política). Eso, la presencia de más funcionarios salvadoreños electos en el congreso estatal o en puestos importantes de decisión, es algo que, atendiendo al rápido crecimiento de los salvadoreños en Maryland, puede ocurrir aquí antes que en otro estado:
- ¿Cuál es el futuro político de la comunidad salvadoreña en Maryland?
Creo que tenemos un gran futuro aquí. Somos el grupo demográfico de más rápido crecimiento en el condado y como latinos en el país. Nuestra juventud es el grupo demográfico en crecimiento que más utiliza la tecnología y las redes sociales. En Maryland nuestras cifras de graduados de secundaria están mejorando y nuestra comunidad es la que mejores números tiene en cuanto a inicio de nuevos negocios. Es una gran combinación para una ecuación que solo puede redundar en una comunidad más educada y mejor informada. Esto solo puede significar que en el futuro tendremos más líderes estatales y comunitarios y que cualquiera que aspire a una posición de liderazgo no podrá ganarla si no presta atención a las necesidades de nuestra comunidad. Lo que el censo de 2010 muestra en términos de nuestras cifras de crecimiento es solo el principio de esta historia.
- ¿Cuál es la importancia real de la comunidad salvadoreña en Maryland?
Somos, por mucho, la comunidad latina más numerosa dentro del univeros latino del estado. Somos más que los mexicanos o puertorriqueños. De cada 10 latinos, casi 6 son salvadoreños, lo que significa que representamos más de la mitad del universo latino en este estado, y los números siguen creciendo a ritmo sostenido. Traduce todo esto a poder de compra, al número de emprendedores que están iniciando negocios o haciendo negocios con el estado, o a propietarios de vivienda que pagan impuestos a las ciudades o condados a lo largo del estado. Generamos y gastamos millones de dólares. Todos sabemos que hoy tenemos a tres salvadoreños que nos representan en instituciones políticas en el estado, uno de ellos senador estatal por un distrito de mayoría afro-americana. Estamos borrando estereotipos y nos estamos convirtiendo en una fuerza política y económica. No solo vivimos aquí, nos estamos empoderando.
- ¿Somos los salvadoreños importantes en el sistema político de Maryland?
Somos votantes a los que ya nadie puede ignorar, pero, otra vez, ese es solo el principio de la historia. Vuelvo al caso del senador Víctor Ramírez en el distrito 47 del condado de Prince George, no es solo que haya ganado un asiento en el senado, es que lo ganó con el apoyo de una mayoría de votantes afro-americanos contra un afro-americano. Todos los salvadoreños han ganado sus reelecciones con facilidad. Y luego del censo de 2010, el crecimiento del voto latino en Maryland, que es un voto mayoritariamente salvadoreño, propiciará la creación de un nuevo distrito senatorial en el que el 60% de los votantes son latinos. Creo que en los próximos cuatro años habrá al menos un representante salvadoreño por ese distrito, e incluso apostaría que puedan ser dos. Es un distrito que es hogar de muchos salvadoreños.
- ¿Cuál es la importancia de esto en el nivel estatal?
En la última campaña por la gobernación quedó claro que si sos un candidato estatal que decide tomar posiciones negativas ante la diversidad racial y el crecimiento de la comunidad latina serás derrotado por márgenes cercanos al 10% del voto, lo que en estos días es sumamente difícil debido a que el voto está practicamente dividido en mitades entre demócratas y republicanos. Por eso es que en el partido demócrata de Maryland hay un esfuerzo sostenido de crear un liderazgo diverso de latinos, asiáticos, africanos continentales y afro-americanos para lanzar puentes políticos a esas comunidades. Al nivel nacional, estos esfuerzos, a través de los directores estatales sirven como extención al comité ejecutivo del partido. Y Maryland está a la vanguardia en la búsqueda de crear puentes hacia la comunidad latina; los salvadoreños tienen un papel importantísimo en ese esfuerzo.
- ¿Cómo votan los salvadoreños en Maryland?
Lo que vimos en 2010 nos indica que el partido demócrata tiene la preferencia de los latinos. Tendríamos que extrapolar eso al voto salvadoreño desde diferentes fuentes. El universo del voto latino es mucho más claro. Te puedo decir que el número de votantes latinos se acerca a los 100,000 en Maryland, con un gran potencial de crecimiento gracias sobre todo a el número creciente de salvadoreños que están a punto de cumplir 18 años cada mes. Otra cosa es que somos una población joven, nuestra edad media es de 27.
- Si somos una comunidad tan vibrante, ¿por qué nuestra representación política real sigue siendo baja?
He dicho que lo que vemos es solo el principio de la historia. Creo que la creación de un districto electoral de mayoría latina en el condado de Prince George, en la administración del gobernador O’Malley, y considerando los números crecientes de votantes latinos en otros distritos, veremos muy pronto un escenario favorable para el surgimiento de jóvenes líderes políticos salvadoreños.
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Que orgullo contar con una compatriota que pone en alto el nombre de nuestro pulgarcito El Salvador, tristemente por nuestra situación conflictiva del pasado y la actual, se fugan de nuestro territorio gente con liderazgo y cerebro que bien podrían estar en la Asamblea Legislativa de nuestro El Salvador, para sacar adelante ésta nación.
Personas como Jessy necesitamos acá, gente que en verdad ame su país, políticos que se preocupen por el bienestar de la nación no de los propios y de grupos como los que lamentablemente tenemos en la actualidad.
Bien Hecho Jessy, apreciamos tu esfuerzo y nos sentimos orgullosos de tí.
Felicitaciones a Jessy Mejía, soy de San Jorge, familiar de ella (primo) y que alegría inmensa que esté poniendo el nombre de el salvador en lo mas alto y sobre todo a la familia Campos.Felicitaciones prima y que Dios te bendiga y te dé la sabiduría y fortalezas necesarias para seguir triunfando y poniendo el nombre de el salvador y el de toda tu familia en alto.
Felicidades, nos sentimos orgullosos de ti. Adelante y que bien que las tertulias familiares te sirvieron para tomar el camino de transformar el mundo.
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