Me encanta este país y su gente, sobre todo los salvadoreños que cada día, a pesar de sus enormes dificultades económicas, de problemas para transportarse, de la terrible inseguridad que ronda sus vidas, buscan un mejor futuro. Tuve la hermosa oportunidad de compartir, por 20 sábados, con un grupo de jóvenes que son de esos salvadoreños que tocan el corazón.
El fin de semana pasado finalicé las clases de Comunicación Organizacional con nueve estudiantes de las “Escuelas Especializadas para Jóvenes Destacados” de la Universidad Dr. José Matías Delgado. Un proyecto parte de la proyección social de este centro de estudios.
La experiencia fue de un gran impacto para mí, porque encontré jóvenes inteligentes, capaces, decididos, que a pesar de las dificultades que enfrentan, están decididos a seguir adelante, a triunfar, tienen deseos, ilusiones, sueños, metas y los pies bien puestos sobre la tierra.
Estos nueve hombres y mujeres salvadoreños me hicieron recuperar la esperanza de que este país aún puede ser rescatado de la violencia, de la corrupción, de la apatía y la irresponsabilidad. Por ellos y con ellos me convencí que El Salvador aún tiene solución. Porque estos jóvenes no han tenido muchas ventajas, porque lo que tienen lo han conseguido con grandes sacrificios de sus padres, familiares y sobre todo de ellos mismos, que se comprometieron y comprendieron que la educación es clave para mejorar sus vidas y las de sus entornos familiares y sociales.
Agradezco a quienes me tomaron en cuenta para este maravilloso proyecto, porque al hacerlo no imaginaron el inmenso regalo que me estaban dando. Este no es un trabajo más, es un espacio en donde me he sentido parte de un sueño: Construir un mejor país.












