La teoría de la manta corta

El ex entrenador brasileño Elba de Pádua, más conocido como Tim, acuñó una de las frases más brillantes y que describe al fútbol a la perfección: “El fútbol es una manta corta: si te tapas los pies te descubres la cabeza, y si te tapas la cabeza te descubres los pies”. Ante México, El Salvador tuvo la cabeza –la defensa- bien cubierta, por lo que no sufrió demasiados sobresaltos. Alguien dirá, con razón, que nos anotaron dos goles. Es cierto. Pero en todo el partido los aztecas sólo generaron cuatro ocasiones de peligro, una de ellas en el 93’, con el equipo aún en shock por el gol de Héctor Moreno. Eso fue por la buena coordinación defensiva –salvo la jugada del primer gol, donde Xavi García queda enganchado y habilita a Zavala- y por los buenos trabajos individuales.

Si México no fue México se le debimos en parte a la labor defensiva del equipo, y esto involucra no sólo a los defensores sino todo aquel que bajó a cerrar espacios, desde Isidro Gutiérrez a Jaime Alas. Puede que haya lucido Purdy, pero hubo varios puntos altos. También hay que soslayar que México facilitó el trámite, ya que nunca fue un equipo voraz, ni desde su conjunto ni de sus individualidades.

Claro, el precio que hay que pagar por taparse la cabeza es dejar al descubierto los pies –el ataque-. Por eso, con tanto esfuerzo puesto en la contención, las llegadas de la Selecta fueron escasísimas. Además del gol, que llegó de un tiro libre, se pueden contar otras dos: un zurdazo sin fuerzas de Ramón Sánchez tras una excelente combinación entre Jaime Alas y Osael Romero, y un remate débil de Rafa Burgos. Poco para un equipo que busca hacer de su estadio una fortaleza.

El Salvador mereció el empate en el Cuscatlán. Quizás le faltó la dosis de fortuna que le sobró en San José ante Costa Rica, donde resistió como pudo en los minutos finales, palo incluido, y la jugada confusa –a diferencia del juego ante México- nos benefició. Aún así, El Salvador mostró una mejor cara en el segundo juego: siguió siendo débil en ataque pero mucho más sólido en defensa. No alcanzó: los caprichos del fútbol a veces son inexplicables.

Con 1 punto sobre 6 posibles, pero aún sin jugar con Guyana, el rival que en teoría es más débil, queda la esperanza intacta por clasificar. Los cálculos nos dicen que hay que ganar los dos partidos ante los caribeños y el de Costa Rica para avanzar. Es así. Definitivamente. Y no es imposible. Pero será tremendamente difícil porque significará, primero, hilvanar tres resultados positivos seguidos. Superar tres pruebas de carácter sin la posibilidad de fallar.

Dos observaciones más. Guyana, que perdió los dos partidos y recibió 7 goles, no es un rival sencillo. Su defensa fue patética contra Costa Rica, pero del mediocampo para arriba pueden hacer daño. El 4-0 de los ticos no refleja la realidad o muestra una realidad a medias. Por otra parte, todos dan por hecho que México le arrebatará los 6 puntos a los costarricenses y se ilusionan con eso. Puede que sea así. Pero atención, basta repasar la actitud con la que México vino a jugar al Cuscatlán –a circular la pelota sin prisa y sin demasiada ambición, para nada a disgusto con un empate- para pensar que podría repetir esa estrategia en San José, más cuando México ya tiene 6 puntos en el bolsillo y no necesita arriesgar.

Ahora no queda más que enfocar el objetivo en septiembre, para la serie contra Guyana, donde se necesita ganar de local y de visitante. Seguramente volverán los dos jugadores de punta y uno de ellos, si todo está bien, será Rodolfo Zelaya. Probablemente también estén Andrés Flores y Arturo Álvarez, y el esquema y el rival permitan que Cheyo Quintanilla tenga más minutos. La manta necesariamente tendrá que cambiar de posición.

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