¿Y de fútbol cuándo hablamos?

El clima se pone inevitablemente tan espeso para cada partido contra México que al final se habla de todo menos de fútbol. Que si hay guerra o no, que los periodistas mexicanos ofenden, que si habrá serenata, que si viene Faitelson o si a John Suttclife le gustan las pupusas. Todo el mundo habla de la presión del Cuscatlán –del vetusto Cuscatlán, según palabras del mexicano Gerardo Velásquez de León, el nuevo amigo de los salvadoreños-, de los partidos pasados… ¿Y de fútbol cuándo hablamos?

Es cierto que el empate 2-2, en mi opinión tan heróico como milagroso, ha envalentonado a la afición. Los mismos que en el minuto 17, cuando la Selecta perdía 2-0 en San José ya pedían por Twitter la cabeza de Israel y criticaban a los jugadores, hoy son los más confiados. Una vez más se pasa de la decepción a la euforia en apenas un rato y sin demasiados argumentos.

Lo más rescatable del partido ante los ticos fue el resultado, un punto de oro conseguido gracias a un esfuerzo descomunal desde lo físico y, para qué negarlo, con cierta dosis de fortuna, sobre todo en los 15 minutos finales. La Selecta ha hecho mejores partidos en San José y los ha perdido. Así es el fútbol, esta vez le tocó llevarse un empate que vale oro por dos cosas: 1) significa impedir que Costa Rica saque diferencias en la tabla; 2) lo hizo recuperándose de un marcador adverso por dos goles y eso tiene su mérito.

Sin embargo, esa euforia por haber logrado un buen resultado no puede nublarnos la realidad. La Selecta hizo un mal partido en defensa, igual o peor que contra Honduras. Le anotaron dos goles, pero le crearon no menos de diez ocasiones, algunas de las cuales tapó Benji Villalobos y otras fallaron los ticos, nerviosos y erráticos para nuestra fortuna. No siempre pasará eso, como no siempre El Salvador podrá tener una puntería perfecta en sus escasas llegadas. Salvo los tiros libres, tuvo dos ocasiones de gol y anotó en ambas.

Contra México se necesita más concentración y, si es posible, más sacrificio. Chicharito Hernández no es Saborío, las pelotas le rebotan y van adentro, incluso si está de espaldas… Sería un sacrilegio que disponga las ocasiones de gol que tuvieron los ticos, porque probablemente habrá que lamentarse.

Se supone que ante los aztecas el esquema será similar al de Costa Rica. El aporte de Isidro Gutiérrez es interesante y ayuda a cerrar espacios, pero las grietas siguen ahí. Los laterales –hablo del sector, no de los jugadores- siguen siendo vulnerables y la coordinación de los marcadores centrales está lejos de ser la mejor. Se necesita a un Dennis Alas tan perfecto como en Costa Rica y a un Osael Romero más participativo. El volante del Águila, es un exquisito y puede resolver el partido por sí solo, pero pasa mucho tiempo desconectado del resto.

Jaime Alas necesita recuperar la confianza para encarar más, su especialidad, y Rafael Burgos volver a sacrificarse solo arriba para aguantar la pelota y esperar la llegada de algún compañero. Dentro de ese esquema, habrá que ver dónde entra Cheyo Quintanilla –si entra- y su enorme talento. Porque algo es claro: El Salvador necesita generar más fútbol, sobre todo jugando de local. Y tiene una oportunidad histórica: si le gana a México quedará como líder del grupo y con dos partidos ante Guyana en el horizonte: el panorama que todos soñaban a la hora de hacer cuentas.

Deja un comentario

XHTML: Puede usar estos tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>