Las famosas desconcentraciones
El Salvador volvió a recibir un gol en los minutos finales y le costó caro: el empate de Panamá, que posteriormente –tras la tanda de penales- significó la eliminación de la Copa de Oro. El análisis fue casi unánime: “nos desconcentramos una vez y nos hacen un gol, igual que contra México, Costa Rica y Cuba”. Intentaré, a través de estas líneas, demostrar que no es así…
Importante aclaración: no siempre un gol viene de una desconcentración y no todas las desconcentraciones acaban en gol. Además, de la misma manera que analizamos los goles que se reciben –que generalmente se le atribuyen a un error propio o a una desconcentración- también deberíamos hacer lo mismo con los propios.
En fin, lo que quiero probar es que las desconcentraciones son parte del fútbol. Les pasan a todos, desde el Barcelona al Metapán, aunque no a todos con la misma frecuencia. Si Gerard Piqué, al que llaman el Beckenbauer moderno, pierde una marca en un córner, ¿cómo no le va a pasar a Luis Anaya o Víctor Turcios?
El problema es que a la hora del análisis las únicas desconcentraciones que se cuentan son las que terminan un gol, que son las que la gente recuerda. El resto, por no tener una consecuencia directa en el marcador, quedan en el olvido. Por eso para hacer un buen análisis de un partido conviene volver a verlo, ya despojado de la pasión y del suspenso con que uno lo observa en vivo la primera vez. Ahí se ven cosas muy interesantes.
Dicho esto, pasamos al análisis… El Salvador hizo un gran primer tiempo ante México. Todo el mundo asume que el derrumbe y las desconcentraciones llegaron en la segunda etapa. Claro, ya nadie se acuerda, por ejemplo, de que al 37’ Andrés Guardado entró sin marca en el área –grave desconcentración defensiva-, pero como su zurdazo no entró entonces ya todos se olvidaron. Ya en la segunda parte vino la debacle total, con la desventaja que no es lo mismo regalarle una pelota a Javier Hernández –generalmente termina en gol- que al cubano Joel Colomé.
Contra Costa Rica, a mi juicio el mejor partido de la Selecta, sólo hubo cuatro o cinco desconcentraciones. La primera apenas al comenzar –gran tapada de Montes con su rostro- y la última en el 93’, la que terminó en gol. Lo bueno de ese juego es que hubo sólo unas pocas más, una de ellas fue la que Saborío quedó completamente sólo frente al arco, pero la pelota le rebota en el cuerpo y se fue, milagrosamente, por arriba.
De la goleada a Cuba la gente recuerda la desconcentración que terminó en el gol de cabeza de Yenier Márquez, pero no de las otras ocho ocasiones que generó el equipo caribeño, muchas de ellas por desconcentraciones de los mediocampistas y defensores salvadoreños. Sería injusto hablar de un descuido en el último minuto frente a Panamá, cuando en realidad fueron más de nueve los descuidos. Claro, los anteriores habían sido conjurados por un enorme Miguel Montes, por algunos cruces milagrosos de Víctor Turcios y dos salvadas sobre la línea de Osael Romero o por la falta definición de los panameños.
Ahora bien, al margen de esas famosas desconcentraciones –que ocurren durante todo el partido, no sólo al final-, es evidente que a la Selecta le empiezan a temblar las piernas cuando quedan 5 minutos y va en ventaja. Le sucede bastante a los tenistas, que cuando se ponen a pensar de que están por ganarle a un top ten automáticamente pierden el foco, le entran los temores y al final terminan equivocándose hasta perder. Alguien alguna vez lo definió como “miedo a ganar”. En los minutos finales a los jugadores de El Salvador la pelota les quema e instintivamente se repliegan… Y el rival termina anotando. Le pasó en el 2-2 contra USA en las Eliminatorias y dos veces en esta Copa de Oro. Contra Panamá fue más doloroso: sólo dos minutos separaban a El Salvador de las históricas semifinales. En fin, de estas cosas se aprende. Desconcentraciones seguirá habiendo, es parte del fútbol. El aplomo para sobrellevar los minutos finales cuando se va ganando se obtiene con el tiempo, con confianza y con mucho trabajo psicológico.


Creo que estas en lo correcto Claudio y lo que tenemos es miedo a ganar o lo que es lo mismo no creer que se pueda ganar.
Creo en esta selección así como creí en la de Carlos de los Cobos, creo que esta selección nos pondrá a soñar ya que al Profe Israel se le ve que sabe leer a los rivales y los muchachos le están entendiendo la idea de juego. Ahora bien a esperar si el profe tiene la paciencia de santo como la tuvo Carlos de los Cobos para aguantar a esta raza que tenemos por dirigentes.
Por que digo esto, se nos viene el preolimpico y ya los clubes de la capital no prestana sus jugadores no ven que esto peude ser una vitrina para sus jóvenes de menos de 23 años a los que si pueden vender más facil por que ahí deberán de esta Sosa, Alfaro, Cuellar, Sanchez, Alas, Flores, Lester, Dustin, Rovira etc.
Si eso le pasa con la selección mayor te aseguro que Israel agarra sus cosas y se va.