Elite

Alguna vez, quizás dentro de 20 o 30 años, cuando se analice más en frío, despojado de emociones y con mucha nostalgia a esta selección de fútbol playa, se podrá poner en perspectiva lo que han logrado. Ir a cuatro  mundiales en forma consecutiva, con solo dos cupos en juego, es una auténtica hazaña. Por ser repetitiva puede parecer sencilla, pero es todo lo contrario.

Y cuando específicamente se recuerde este Premundial, el de Bahamas 2013, se lo hará por la épica con que se logró el boleto a Tahití. Por aquella derrota dolorosa con Costa Rica, por la balsámica recuperación contra Jamaica en la tarde, pero por sobre todo por el espectacular triunfo ante México en penales. Después de haber jugado dos partidos en un mismo día le ganó a una selección que en esas mismas 24 horas estuvo descansando en su hotel. A pesar de todo, la diferencia física no se notó y sí la carga anímica de los Guerreros que incluso estuvieron a punto de ganarlo en el tiempo extra y un gol azteca a 12 segundos del final se los impidió.

Alguna vez ocurrirá que esta Selecta no clasifique al Mundial. Es inevitable que eso pase tarde o temprano en una disciplina donde las diferencias suelen ser mínimas entre los equipos top y todo puede definirse en los penales, en un caprichoso bote de la pelota en la arena o en una polémica decisión arbitral. Sin embargo, pase lo que pase de aquí en adelante, lo que está demostrado es que El Salvador tiene una selección muy competitiva, a la altura de los mejores de la región e incluso el continente. Y no es algo nuevo ni es la casualidad de un torneo. Ya van cuatro…

Definitivamente no hay otro deporte ni otra disciplina en la que El Salvador esté en esta posición. Llegar a un torneo, cargar con el peso de ser uno de los favoritos, sobrellevarlo muy bien y en la mayoría de los casos lograr el objetivo. Hasta el año 2008, cuando esta Selecta hizo su irrupción, lógicamente el fútbol playa no existía ni interesaba. A partir de entonces se ha vuelto una cita ineludible para todo aquel salvadoreño que se precia de tal cada vez que juega la Selección.

Esta Selección, brillantemente guiada por Rudis González Gallo –entrenador y padre a la vez-, llegó a la elite y permanece en ella. Podrá ganar o perder, pero siempre está ahí, discutiendo la supremacía con los grandes porque ya se ha convertido en grande. No tiene sentido comparar a estos muchachos con la Selecta de fútbol tradicional o con cualquier otra selección de cualquier otro deporte porque son mundos diferentes… Sin embargo, cualquier salvadoreño puede presumir de sus Guerreros de Playa como quizás de ninguna otra cosa –quitando al Mágico González- en materia deportiva

Futbolistas, albañiles, jardineros

Se terminó la fase regular del torneo Clausura. Aún quedan seis partidos por disputarse –un desempate, cuatro semifinales y una final-, pero para la mayoría de los futbolistas profesionales de El Salvador ya comenzó el momento más aciago del año: estar sin jugar. Son tres meses, hasta que en agosto regrese la actividad, muy duros, insoportablemente duros. ¿Por qué? ¿No deberían estar contentos por tener vacaciones? Pues no, porque en el 80% de los casos, esos tres meses, incluso los que incluyen la pretemporada, no cobrarán salario.

Como todos los años a estas alturas, muchos comienzan el difícil camino de la supervivencia. Porque vamos, no es que los futbolistas de aquí –salvo algunas excepciones- cobren enormes cantidades de dinero como para ahorrar y vivir de renta. Viven con lo justo, al día… O lo que es peor, de prestado, porque muchos clubes se atrasan en pagar el sueldo. Por eso, para aquellos que logran meterse en semifinales, más allá de la gloria deportiva eso significa dos semanas más de trabajo remunerado. Si además son campeones, es probable que la recompensa sea aún mayor.

¿Y cómo hace el resto? Hay varias opciones para afrontar esos tres meses y no morir en el intento. Tranquilamente se podría dividir en tres clases. La “Clase Elite”, que son los que serán convocados a la Selecta. Ellos trabajarán a tiempo completo bajo las órdenes de Alberto Castillo y todo ese tiempo se les será pagado por la Fesfut. Es más, aquellos que logren quedar en la lista que viaje a la Copa de Oro conseguirán hasta viáticos y posiblemente un premio económico en caso de pasar la primera fase.

En el segundo escalón está la “Clase Trabajadora Internacional”, que son aquellos futbolistas que ocuparán sus meses de vacaciones trabajando en los Estados Unidos. Si tienen la fortuna de tener visa vigente –o ciudadanía estadounidense-, vuelan al Norte y allí conseguirán un trabajo muy bien remunerado. A veces es en la construcción, otras veces en jardinería, y hasta obtienen dinero extra jugando al fútbol los fines de semana como “refuerzo de lujo”. Varios jugadores, incluso algunos seleccionados, han trabajado de albañiles o electricistas durante sus vacaciones. La paga es muy buena, generalmente mejor que la que ganan en El Salvador como futbolistas profesionales. “Pagan bien, me podría quedar allí y tener un mejor salario, pero yo soy futbolista y quiero jugar al fútbol”, confesó alguna vez un jugador.

El tercer peldaño, el más bajo de la escala, es la “Clase Trabajadora Nacional”. Se trata de aquel que no tiene visado para viajar a Estados Unidos y trabajar esos tres meses allí, por lo que tiene que arreglárselas para sobrevivir en el país hasta que vuelva el fútbol y vuelva la paga. Hemos conocido casos que trabajan en cibercafés, restaurantes o que ayudan a sus familias en sus labores.

En fin, nunca es una deshonra trabajar. Todo lo contrario. Sin embargo, que futbolistas profesionales tengan que penar durante tres meses e incluso trabajar en empleos donde su físico corre riesgo es algo inverosímil. Quisiera poder afirmar que sólo aquí pasa esto de que los futbolistas cobran solo 9 o 10 meses al año, pero no sé cómo funcionan las cosas en el fútbol paquistaní, malayo o vietnamita para ser tan tajante. Lo que es seguro es que en ningún fútbol más o menos serio los futbolistas tienen leyes o patrones tan crueles como aquí. Y confirma, una vez más, que los jugadores no tienen ningún peso a la hora de tomar decisiones.

Del 82 al 2013, de España a Turquía…

Una vez pasada la efervescencia por la clasificación a Turquía 2013, la algarabía mutó en preocupación. “¿Y ahora qué hacemos? Vamos a ir al Mundial, pero que no sea como la última vez que fuimos a un Mundial”, reflexionaban algunos. Coinciden en un punto con aquellos pesimistas, de los que siempre hay, cuyo discurso es del tipo: “¿Y qué vamos a ir a hacer el Mundial? ¿A hacer el ridículo? ¿A que nos metan otra goleada histórica?”

Esas dos líneas de pensamiento confluyen en un hecho que marcó a fuego a los salvadoreños: España 82. Un estigma que todavía lacera corazones y divide opiniones, pero que sigue siendo la última referencia. No tendría sentido analizar los resultados de aquella aventura en España sin tener en cuenta las lamentables condiciones de preparación que tuvieron Chelona, Huezo, Mágico, Zapata y compañía en el tramo final.

Si aquella gestión federativa fue vergonzosa –no olvidar que llevaron dos jugadores menos de los que estipulaba la lista para agregar más directivos-, hoy vale la pena recordarla para que en el Mundial Sub 20 Turquía 2013 no vuelva a ocurrir.

Con ciertas desventajas futbolísticas que El Salvador tiene respecto de varias de las selecciones participantes –en los otros, la mayoría ya juega en equipos de Primera División y aquí no-, lo mejor es prepararse muy bien. Es la única manera de poder intentar hacer un papel digno en el Mundial.

Aquella selección del 82 fue la última en llegar, lo hizo sobre la hora, sin poder aclimatarse al cambio horario de Europa, sin partidos amistosos en las semanas previas y con un enorme desconocimiento del funcionamiento táctico de los rivales. Y al llegar a España, hasta se robaron las pelotas oficiales con las que debían entrenarse.

Así como muchas veces toca castigar a la Fesfut por su pasividad o por su negligencia en ciertos aspectos, hoy habrá que reconocer que el plan que prepararon para la Sub 20 está muy bien. Para empezar, el equipo del Tuco Alfaro tendrá unos siete partidos amistosos previos. Sí, es cierto que parece que el de Belice se puede caer y que aún no hay rival para el del 5 de junio en Nueva York, pero en general se ve que han trabajado con mucho profesionalismo.

Los jugadores no viajarán tres días antes sino tres semanas antes, ya que estarán una semana en Estados Unidos haciendo un campamento y amistosos. No arribarán a Turquía sobre la hora ni sufrirán del jetlag el día del debut: llegarán al país sede 14 días antes y allí harán otro campamento, donde además tendrán amistosos con Malí, Uruguay e Iraq. Además, la Fesfut ha contratado a un analista internacional –Matías Manna, creador de la página Paradigma Guardiola- que proveerá datos, videos e informes de los tres primeros rivales en el Mundial y de un eventual cuarto en caso de avanzar a octavos de final. Ah, además podrán practicar con las pelotas oficiales Adidas en los mismísimos entrenamientos que se realizan aquí porque las FIFA las enviará para que se vayan familiarizando.

En fin, al menos hasta aquí las cosas se están haciendo como corresponden. Esto no necesariamente es una ventaja respecto del resto de los participantes –seguramente todo tienen planes parecidos-, pero al menos El Salvador se asegura de competir en igualdad de condiciones, algo que no ocurrió en aquel Mundial de España 1982. Después, la Selecta podrá ganar, empatar o perder en Turquía, pero ya será solo por una cuestión futbolística.

 

El dilema de los legionarios

“Si allá no juegan, mejor que vengan aquí”, dicen unos. “No, que se queden allá aunque no jueguen, por lo menos están en un fútbol profesional y organizado donde al menos les pagan”, refutan otros. Básicamente esas son las dos corrientes de opiniones sobre qué deben hacer los salvadoreños que están en clubes europeos y tienen escasos minutos.

1)    Volver a El Salvador, ser titular, recuperar la confianza, estar más cerca de la Selección, cobrar un salario más bajo…

2)    Seguir en Europa, jugar pocos minutos, perder condición futbolística, alejarse inevitablemente de la Selecta, mantener un buen salario.

 

De hecho, existe una tercera opción, un paso intermedio que en muchos casos funciona: bajar un escalón sin la necesidad de moverse de Europa. Eso es que lo que breve hará Jaime Alas, contratado por el Rosenborg noruego pero con la necesidad imperiosa de cambiarse de club para tener una oportunidad. En muchos casos aparece un club con menos exigencias, quizás en otra categoría, para poder mostrarse. ¿Una Segunda División en Europa? ¿La MLS? ¿Un club centroamericano como hizo Léster Blanco?

Un caso interesante de analizar es el de Fito Zelaya, quizás el delantero más desequilibrante que tiene El Salvador. Desde que regresó al Alania, ya en Primera División y con refuerzos de mayor jerarquía –como el holandés Royston Drenthe, por ejemplo- casi no ha tenido oportunidad de jugar. De hecho, en los 6 partidos de 2013 apenas jugó uno. Si Alania desciende (algo que parece casi inevitable), es evidente que Fito tendrá en la Segunda de Rusia más posibilidades de jugar con continuidad que en la Premier League, donde la competencia es más alta. ¿O será que lo mejor es volver al Alianza donde pase lo que pase seguirá siendo ídolo y marcará diferencia aún sin estar en su plenitud de juego? Por supuesto que no hay una respuesta que sea válida, depende de cada caso y lo que pretenda el jugador.

Esta temporada europea 2012/13 es histórica. Por primera vez en la historia hay 7 salvadoreños jugando en clubes de Primera División de Europa: Fito Zelaya (Alania, Rusia), Arturo Álvarez (Videoton, Hungría), Rafa Burgos (Kesckemeti, Hungría), Víctor Turcios (RoPS, Finlandia), Jaime Alas (Rosenborg, Noruega), Ramón Sánchez (Vostok, Kazajistán) y Pablo Punyed (Fylkir, Islandia), además de otros que están en otras divisiones. Algunos juegan muy poco, otros como Arturo Álvarez y Rafa Burgos alternan la titularidad y otros que ya se han ganado un lugar en el equipo, como Ramón Sánchez, Punyed o Víctor Turcios (volvió después de una rotura de ligamentos cruzados).

En mi opinión, no cualquiera tiene una oportunidad de jugar en Europa, por lo tanto esas ocasiones hay que aprovecharlas sin desesperarse ni quererse volver ante el primer contratiempo. A veces basta un partido para empezar a cambiar la historia, para que la suerte empiece a cambiar. Además, siempre hay algo para aprender de la organización de los clubes europeos. Nunca será tiempo perdido, aunque el propio jugador, con la autoestima baja, se llegue a preguntar: ¿qué hago en este lugar perdido del planeta?. En todo caso, si en determinado momento el futuro no es lo suficiente claro se necesitará la lucidez suficiente para decidir cuándo es hora de pegar la vuelta y regresar al fútbol doméstico. Eso sí, a veces es una puerta que se cierra para siempre. Algunos, los más afortunados, quizás en el futuro tengan una segunda oportunidad.

 

 

 

 

 

El sótano en llamas

Antes de empezar este torneo parecía que la suerte del Once Municipal estaba echada. Arrancaba con 14 puntos de desventaja sobre Juventud Independiente y 15 sobre la UES en la tabla acumulada por no descender. Ni los más optimistas soñaban con la salvación, porque además de la cuestión matemática el equipo de Ahuachapán tampoco invitaba a soñar: a dos semanas de empezar el Clausura no estaban del todo claros los refuerzos ni los extranjeros. Para peor, sus dos primeros partidos fueron derrotas…

Hoy, a cuatro fechas del final y a pesar de haber perdido el domingo en San Miguel con el Águila, el Once Municipal goza de buena salud y ha logrado recuperar esa desventaja con la UES, equipo con el que jugará el próximo miércoles en un juego muy importante, aunque no necesariamente será el que determine quién permanece en la Primera División y quién desciende. Si hace tres meses le hubieran pedido al técnico Juan Sarulyte que firmara que a ese partido llegarían tres puntos abajo y que ese día podrían descontarlos, habría firmado. El panorama es aún mejor: llegan ambos con los mismos puntos.

Esto último se debe a la buena campaña del Once Municipal en el Clausura y, también clave, la pésima actuación de la UES, que aún no ha ganado en el torneo y parece incapaz de reaccionar. De hecho, a determinada hora del domingo la diferencia volvía a ser de tres para la UES: ganaba 2-0 a Santa Tecla y el Once perdía… Los universitarios dilapidaron dos goles de ventaja y terminaron perdiendo 2-4, para alegría de los de Ahuachapán.

Si bien los dos llegan con igualdad de puntos, en lo anímico hay mucha diferencia. Once, sin ser una oda al optimismo, está mucho mejor. A la UES ni siquiera el cambio de entrenador le cambió la dinámica negativa: llevan 6 derrotas consecutivas. Además de la diferencia de autoestima entre uno y otro, el Once Municipal tiene una gran ventaja: hace pesar su condición de local. Sólo una vez, en aquel primer partido del torneo en Ahuachapán ante Firpo, no pudo sumar. Aún le quedan dos partidos en su terreno, y uno de ellos es el más importante: vs. UES. Curiosamente, el único partido que pudo ganar (3-2) en la nefasta campaña del Apertura, esa que casi lo condena y que todavía lo tiene al borde del descenso. De visitantes, ambos son un desastre, aunque las peores goleadas se las llevó el Once.

A decir verdad, ningún equipo como el Once Municipal del Clausura (5 puntos en 18 fechas) ni esta UES (3 puntos en 14) han demostrado nivel para permanecer en Primera División. Sin embargo, desde el momento en que desde los escritorios se suprimió el repechaje con los de Segunda, sabemos que uno de ellos seguirá con vida. De quien se salve podremos hablar de hazaña –sobre todo si es de Once Municipal- y de esa loable lucha contra la marea, pero también, aunque suene fuerte, es un premio a la mediocridad.

¿Quién quiere ser mundialista?

El magnético poder de seducción del Mundial Sub 20 Turquía 2013 ha provocado un interesante fenómeno: de repente, como por arte de magia, empezaron a aparecer jugadores nacidos después del 1 de enero de 1993 por todas partes, desde algunos departamentos de El Salvador y también de otros países como Estados Unidos y Australia. Todos buscan un lugar entre los 21 jugadores de la Selección Nacional que a partir del 22 de junio participará en la Copa del Mundo.

Por estos días, los teléfonos del entrenador Mauricio Alfaro y del coordinador Ernesto Góchez no paran de sonar. Aparecen de aquí y de allá. Alguien los recomienda y piden una oportunidad para que los vean, de poder mostrarse… Tras la clasificación en Puebla, el Tuco Alfaro dijo que pretendía reforzar el plantel con algunos futbolistas para el Mundial. “Sólo pude escoger entre 30 jugadores para armar el equipo”, dijo aquella vez. Bien, ahora tendrá más…

Además de las visorías que hizo en Estados Unidos –diez de los escogidos se sumarán en los próximos días-, se desató una auténtica fiebre por pertenecer a esta selección mundialista. Y así, en estos días vimos de todo. Desde algunos muchachos que llegaron por su cuenta como Luis Alfonso Funes, que tomó cuatro buses desde Sonsonate y se presentó a la Fesfut pidiendo por el Tuco. Pedía una oportunidad. “Soy delantero, solo quiero que me vean jugar”, dijo. Después de tres días, aún no había conseguido una respuesta.

Otros, como Edson Cardona –nacido en San José, California- tuvo más suerte. No tomó cuatro buses, pero sí un avión desde San Francisco para venir a mostrarse. Lo acompañó su padre. Se mostró y se fue, ya que está becado en la Universidad de Santa Clara y tenía que jugar allí. También de Estados Unidos, pero de Florida, llegó Tomás Granitto, nacido en San Salvador de padres argentinos. Su papá, Gustavo Granitto, era profesor de tenis aquí y el joven vivió cinco años en el país, hasta que se mudaron a Florida. Cada uno se paga su boleto aéreo y éste sólo será reembolsado si queda en la lista final de los 21 mundialistas.

Otro caso curioso es el de Mauro Rivas, quien nació en Perth, Australia, de padres salvadoreños. Juega para el Western Knights, de la liga regional australiana, y está muy entusiasmado con vestir los colores de la Selecta. “Ir a El Salvador me cuesta 3,000 dólares, voy a pedir un préstamo para poder conseguirlos y poder viajar. En la Federación ya me dijeron que me van a ver…”, dice Mauro, que se define como un delantero veloz, que le gusta presionar arriba y certifica que ganó la bota de bronce jugando para el Armadale Soccer Club.

Quedan aproximadamente 60 días para que El Salvador emprenda el viaje hacia Europa –probablemente pasarán una semana en España y llegarán cinco días antes del debut a Turquía- y habrá que hacer la nómina con la cabeza muy fría. Sin ser desagradecidos con los héroes de Puebla pero tampoco que la Selecta sea rehén de ellos. ¿Hasta dónde debe llegar la gratitud y dónde empieza lo estrictamente deportivo?

 

Son 21, de los cuales tres deben ser obligatoriamente porteros, por lo que solo quedan 18 plazas para jugadores de campo. De esos, hay entre 10 o 12 que son inamovibles –la base de Puebla y Maikon Orellana, una debilidad del Tuco, que para el Premundial estaba lesionado-, es decir que todavía hay disponibles entre 6 y 8 lugares para un mínimo de 20 postulantes. Por el momento hay “overbooking”, y siguen llegando jugadores. Ampliar la base nunca es malo: entre más hay, más posibilidades para elegir a los mejores. Pero atención, hay que manejarlo con mucho tacto porque se trata de jóvenes con mucha ilusión y lo último que queremos es que esto se parezca un reality show titulado “¿Quién quiere ir ser mundialista?”.

Una mochila pesada

Después de lo ocurrido con la Selección Sub 20 en el Premundial y en los Juegos Centroamericanos –lo bueno y lo malo-, temo que algo parecido pueda ocurrirle a la Selección de Fútbol Playa en su camino hacia el Mundial de Tahití 2013. O peor… Es que la gente está tan acostumbrada a las proezas de estos guerreros –la última, la reciente victoria 3-2 sobre España, campeón de Europa- que cualquier traspié en el futuro podría interpretarse como falta de actitud, carencia de hambre, de humildad o algo parecido. Nada que ver, aunque los seleccionados de fútbol playa tendrán que convivir con eso, especialmente en el Premundial de Bahamas, que empieza el 8 de mayo.

Olvidémonos del cuarto puesto en Ravenna 2011, que fue espectacular. Clasificar a tres mundiales de forma consecutiva, además jugando siempre de visitante, no es sencillo, y menos para El Salvador. Probablemente no se tenga dimensión de lo logrado hasta que pasen muchos años. El gran mérito de esta selección de Rudis Gallo es que lo ha hecho ver fácil, y eso puede llevar a la confusión en futuros compromisos.

En poco más de un mes se viene el Premundial en Nassau, a desarrollarse en las canchas del Malcom Park. Hay que decir que la Selecta se ha preparado como nunca gracias a ese boom generado por la euforia del cuarto puesto, pero que el fútbol playa se haya vuelto más popular en el país no significa que todos interpreten la complejidad que representa este clasificatorio. El Salvador parte como uno de los favoritos a quedarse con una de las dos plazas que habrá en juego en Bahamas. Y por más que los jugadores salvadoreños lo han tomado con humildad y han dicho que será difícil y que solo jugando a un altísimo nivel lograrán el boleto, siempre es complicado llegar a un torneo con semejante mochila cargada de presión.

Si las tres clasificaciones anteriores fueron complicadas –recuerdo la última, para ir a Ravenna, sufriendo contra Costa Rica en el minuto final de la semifinal y un tiro en el palo de los ticos con el partido empatado- esta lo será aún más. Estará México, Estados Unidos irá por su revancha –faltó a los últimos tres Mundiales-, Costa Rica dará pelea, están los del Caribe y también los centroamericanos, que han progresado…

El nivel que ha mostrado en este último cuadrangular –derrota ante Paraguay y victorias sobre Costa Rica y España- deja en claro que El Salvador va por el buen camino y que luchará dignamente por uno de esos dos boletos para Tahití. Pero atención, el fútbol playa es un deporte de resultados apretados y donde suele haber sorpresas, de esas imposibles de prevenir. Si se logra clasificar por cuarta vez consecutiva a un Mundial será heroico, apoteósico, monumental… Pero si no, no debería ser un drama ni habría que culpar a los jugadores por falta de humildad o por acomodarse –algo que ya peligrosamente se empezó a sugerir a partir del mal paso en los Juegos Bolivarianos-, simplemente será porque hay otro que lo hizo mejor. Tan simple como eso.

Insisto, esta Selección se ha preparado mejor que nunca en su historia: entrenamientos permanentes, fogueos amistosos de nivel en el país, etc… Hasta aquí ha se ha hecho todo lo correcto y eso es para aplaudir. Después, cuando empiece la acción, ya será otra historia. En este deporte, como en tantos otros, no siempre se impone la lógica ni gana el que mejor se ha preparado.

¿Qué hacer con la Sub 20?

Hace 30 días, la mayoría de los jugadores de la selección Sub 20 de El Salvador eran unos perfectos desconocidos. Hace 20 días, cuando lograron la clasificación al Mundial, eran héroes. Hace 4, cuando hilvanaron tres partidos sin ganar en los Centroamericanos, eran “agrandados” o simplemente habían despertado del hechizo. Del debate sobre de quién era el mérito de la victoria se pasó rápidamente al de quién era el culpable de la derrota.

No nos engañemos. El bronce de San José, que en otro momento hubiera sido dado por bueno, es una decepción para todos aquellos que soñaban con el oro en fútbol después del gran logro de Puebla. Los Juegos Centroamericanos al final terminaron siendo una piedra en el zapato. Pasaron de ser una inmejorable oportunidad de fogueo –fueron cinco partidos- a un martirio de juegos donde quedó en evidencia que hay grietas de todo tipo: desde algunas declaraciones de los jugadores, de las actitudes del entrenador Tuco Alfaro para con los muchachos. Nada es insalvable, por supuesto, pero es necesario ponerse a trabajar ya mismo para reparar algunas fisuras internas y poner a andar el carro otra vez.

Después de más de 45 días juntos –amistosos en Sudamérica, preparación en México, Premundial, Centroamericanos-,  el grupo se disolverá por un tiempo. Cada uno volverá a su equipo con una consigna muy clara: mantener el nivel, porque quien tenga un bajón probablemente no viaje a Turquía. Es lo normal. No todos los que ganan el boleto van al Mundial: normalmente los cambios van desde un 15% a un 20% del listado. Quizás sea ingrato e injusto, pero es necesario ir con los que están mejores, incluyendo algunos jugadores como Maikon Orellano, lesionado en el momento del Premundial.

Por eso, en breve Mauricio Alfaro hará unas visorías en busca de más jugadores para aumentar la base. Es cierto que suena a algo improvisado y que jamás veremos algo así en selecciones de Sudamérica o Europa, pero ante la falta de divisiones inferiores de los clubes pasa a ser un recurso válido. Además, el Tuco irá dos semanas a España para realizar una capacitación en el Real Madrid y Barcelona junto con dos entrenadores de FESA, la fundación que hizo la gestión para que esto fuera posible.

Tras lograr la clasificación al Mundial, yo escribí en estas mismas páginas que no me parecía que esta fuera la mejor selección juvenil de la última década, simplemente que había aprovechado su oportunidad, algo que otras selecciones en teoría mejores no lo habían logrado. Ahora, ante el aluvión de críticas tras el pobre desempeño en San José, también habrá que decir que tampoco es para masacrarlos, que los rivales también juegan y a veces son superiores.

A decir verdad, los muchachos viajaron a Costa Rica con una mochila muy pesada: tenían que ganar el oro y probablemente eso les afectó. También, en su defensa, hay que decir que tuvieron poco tiempo para descansar, que faltó la pareja de marcadores centrales –Ayala y Baugartner- y que Alfaro, en su afán de ver a otros jugadores, hizo jugar a varios de los que no tuvieron minutos en Puebla. Sin embargo, no faltan quienes piden la cabeza del entrenador o los que ya vaticinan –aún sin saber el calendario de Turquía- tres humillantes goleadas en contra.

El tiempo dirá si esta selección es un tesoro, un fruto de la casualidad, parte de una generación espontánea o apenas el primer éxito de una producción en línea de la factoría de FESA. Pero ahora lo más importante es que se trabaje a conciencia en los próximos tres meses, que se dejen de lado los egocentrismos y todos los actores –Fesfut. FESA, incluso Indes- elaboren el mejor plan posible para que el Mundial de Turquía no sea una experiencia tan traumática como la España 82.

 

 

 

 

Los hombres de Quito

Esta semana que acaba de concluir se conoció –el miércoles en Ecuador y el viernes en El Salvador- la lista de convocados de Alberto Castillo para el partido amistoso que la Selecta tendrá ante los ecuatorianos en Quito. La nómina, que cuenta como gran novedad el primer llamado a la selección mayor a Dustin Corea, ha generado todo tipo de comentarios. Ya sea por los que vuelven, como Léster Blanco o Fito Zelaya, o los que faltan, como Steve Purdy, Rafa Burgos, Arturo Álvarez, Christian Castillo, etc…

Para empezar, hay que tomar en cuenta que es un amistoso, y solo uno, a pesar de que la fecha FIFA es doble para la mayoría de los equipos, incluso para Ecuador, que cuatro días después tendrá un choque por Eliminatorias contra Paraguay. Al limitarse a 18 jugadores –lógico para un solo partido-, está claro que no podrá darles el gusto a todos. Si quiere probar delanteros como Dustin Corea, ¿qué sentido tendría llamar a Rafa Burgos si en la lista ya están Fito Zelaya y Léster Blanco? ¿Para qué cuatro delanteros si probablemente salga solo con uno de titular? ¿Qué sentido tiene hacer viajar a alguien 20 horas para luego darle 15 minutos en un amistoso?

De haberse tratado de un partido oficial por Eliminatorias, se le habría exigido a Castillo llamar a los mejores, pero en este caso es razonable lo que hace el peruano. Pretende ver nuevos jugadores y  conocer más a otros como Fito –no estuvo en Copa Centroamericana- sin alterar demasiado la base con la que ha trabajado hasta el momento. Porque nunca está demás aclarar que a ese partido en Quito se irá casi sin haberse entrenado.

Eso sí, que sea un amistoso y que una eventual derrota no tenga consecuencias no quiere decir que hay que subestimar el partido. Ojo. Mientras muchos celebraban tener un “amistoso de nivel” contra Ecuador –de hecho lo es-, no es menos importante agregar a la ecuación un ingrediente especial: la altura. Los 2,800 metros de altitud de Quito pueden convertirse en una pesadilla para la Selecta, como lo ha sido para muchos equipos que sufren cuando juegan en el Atahualpa. Claro, es mejor jugar ahí que no jugar y dejar pasar la oportunidad, pero queda dicho que no es lo ideal. Se entiende: era lo único que había. Pero atención: jugar en la altura significa que los futbolistas tendrán ciertos problemas para respirar durante gran parte del juego, y probablemente también sufrirán nauseas y mareos.

Si en la visita a Paraguay la Selecta se salvó de una goleada por la magnífica actuación de Dago Portillo, esta salida representa –en los papeles- un riesgo aún mayor. Paraguay está último en las Eliminatorias de Sudamérica y Ecuador va segundo. En Asunción no hay altura y en Quito sí… No está mal recordar que la última visita de la Selecta a Quito, en 2007, bajo el mando de Carlos de los Cobos, se perdió 5-1 y los jugadores sufrieron la falta de oxígeno por momentos.

Y también es bueno recordar que los dos últimos países de CONCACAF que fueron a Quito volvieron goleados. Costa Rica cayó 4-0 en 2011 y Jamaica 5-2 ese mismo año. Es cierto que algunas individualidades de Ecuador no pasan por su mejor momento -Christian Benítez ha bajado el nivel en el América, Antonio Valencia ha sido relegado a la banca en los partidos más importantes del Manchester United, Felipe Caicedo no es el mismo que cuando jugaba en Levante-, pero aún así es una selección muy sólida. La prueba más reciente es la victoria 3-2 a Portugal en tierras lusas, donde quedó demostrado que el poderío va más allá de si juegan o no en la altura de Quito.

Lo que es seguro es que el amistoso ante Ecuador del 21 de marzo será sumamente desgastante en lo físico, por lo tanto es importante tener jugadores con una gran capacidad aeróbica como el Ruso Flores o Richard Menjívar –supongo que los consejos del preparador físico habrán sido fundamentales en la confección de la nómina-. Al mismo tiempo, y por las mismas razones, me parece que no era la ocasión ideal para que Chochera pruebe a Arturo Álvarez, un jugador exquisito pero que bajo esas condiciones probablemente no pueda mostrarse.

En fin, un rival de nivel, un escenario peligroso… Doble desafío para esta Selecta que aún busca su destino.

Entre la euforia y la reflexión

 

 

Desde hace dos semanas veníamos insistiendo desde este espacio (“Turquía: tan lejos, tan cerca” y “El club de la Selecta”) con la posibilidad de que esta Selección Sub 20 de El Salvador podía hacer historia. Antes que nada, por una llave accesible que permitía soñar más allá de que en los amistosos previos el equipo no daba señales positivas. Incluso, tras los dos primeros partidos, la sensación era que había que mejorar mucho para conseguir el boleto al Mundial.

A decir verdad, estos muchachos que lograron la clasificación probablemente no son la mejor selección juvenil que tuvo El Salvador en las últimas dos décadas, pero sí son los que por primera vez irán a un Mundial. ¿La clave? En lo futbolístico, esos magníficos 45 minutos de la segunda etapa ante Panamá que hicieron torcer el destino. Borraron a los panameños del mapa y mostraron actitud y coraje para ir a cambiar la historia. Algo de eso se vio también, aunque en menor medida, en un lapso de la semifinal contra México, sólo que la inmensa jerarquía del rival terminó prevaleciendo.

El tercer puesto final –incluido el premio Fair Play- llena de orgullo a todo un país y convierte en héroes a estos nombres hasta hace dos semanas desconocidos para el gran público. Pero también, como pasa en tras las duras derrotas y en las grandes hazañas, inevitablemente se abre el debate sobre quiénes son los responsables del fracaso/éxito. ¿La Fesfut? ¿FESA? ¿El Tuco Alfaro? ¿Sólo los jugadores?

De hecho, ya hay varios de los responsables de diferentes sectores peleándose por atribuir y dejar de atribuir este logro. Es de un desgaste atroz, que resta, que agota… En mi humilde opinión todos, en su medida, han contribuido a esta clasificación al Mundial.

1)    Los jugadores. Sin ellos, nada hubiera sido posible. Aparecieron en los momentos que más se necesitaban. Ellos son los que mandan dentro de la cancha, los que deciden… Una genialidad de alguno sirve para ganar un partido, un error de otro para perderlo. Hubo varios destacados, entre ellos Jairo Henríquez, Rolando Morales, Roberto González, José Angel Peña. Todos decisivos.

2)    El entrenador. Mauricio Alfaro tiene gran mérito. Si por momentos dejó algunas dudas como estratega táctico para plantear algún partido, también hay que reconocerle que sus palabras como líder de grupo tienen peso: después de su arenga en el mediotiempo ante los panameños, los jugadores parecían otros. Muchos le restan mérito porque sus futbolistas no fueron formados por él, ya que el 80% surgió de FESA. Respuesta: ningún seleccionador juvenil –y nombro a dos emblemáticos como el argentino José Pekerman y el brasileño Marcos Paquetá- se dedica a formar jugadores, ellos simplemente los escogen de los diferentes clubes… Y el hecho de que sean de FESA no es precisamente una ventaja para Alfaro: prácticamente sólo tiene una institución para escoger, a diferencia de México,  USA o Panamá. Claro, como escribí la semana pasada, de no existir FESA el panorama sería todavía peor.

3)    FESA. La fundación ha tenido un rol clave en este éxito y es justo reconocerlo debidamente. Su aporte ha sido enorme en la formación, haciendo lo que deberían hacer los equipos de fútbol salvadoreños –que una vez más han quedado en evidencia-, pero atribuirle todo a FESA también es un error. ¿O acaso los hubiéramos culpado en caso de derrota? ¿O acaso es su culpa la eliminación de la Sub 17, donde también había muchos de sus jugadores? El mensaje de Jorge Bahaia, presidente de FESA, siempre ha sido integrador, pulcro, tan admirable como su obra… Bahaia siempre ha evitado la confrontación y ha preferido sumar desde el perfil bajo. Pero hay quienes dan absolutamente todo el crédito a FESA para restarle méritos al resto, y tampoco es así.

4)    Fesfut. La Federación siempre es el villano de la película. Cuando se pierde es el blanco principal de todos los dardos y cuando se triunfa simplemente se le ignora. Tampoco debería ser así… El máximo elogio que han recibido es el silencio –de haber perdido toda la culpa habría recaído en ellos y en el entrenador-, o la sensación de que al menos esta vez no han estorbado (recordar el Caso Dustin Corea). En mi opinión, también merecen su reconocimiento: han ayudado a que este grupo de jugadores se pudiera foguear en Sudamérica –FESA también hizo lo suyo ahí-, que hicieran campamentos en México como parte de la adaptación y que pudieran trabajar casi un año con un objetivo muy claro.

Cuando pase la euforia por este bronce, se verá que el fútbol salvadoreño es el mismo, que nada ha cambiado desde la última vez que dijimos que algo tenía que cambiar (¿Desde la eliminación de Brasil 2014?). Las estructuras del fútbol siguen siendo las mismas, mismos vicios, mismas carencias… Con los equipos de fútbol dándole la espalda a las canteras y con la Fesfut –y aquí sí critico- timorata para obligarlos a hacer algo diferente.

No nos engañemos. No ha habido ningún cambio ni ninguna revolución. Este éxito –al que hay que disfrutar como corresponde y recordarlo para siempre- fue producto de una serie de hechos que poco tiene que ver con un cambio. De hecho, Guatemala, que está igual o peor que El Salvador, también se clasificó hace dos años para un Mundial Sub 20 (Colombia 2011) y no se ven signos de progreso. Lo que sí puede ocurrir es que este bronce y este boleto a Turquía 2013 sean los propulsores del verdadero cambio que necesita este fútbol. Lo que no se pudo desde la derrota y la humillación, quizás se logre desde la efervescencia de una victoria.