El empleado del mes
Después de cuatro años de larga espera, el Mundial de fútbol está otra vez con nosotros. Lo más fascinante de una Copa del Mundo es lo impredecible que siempre resulta. Nunca faltan las sorpresas, aunque a la hora de levantar el trofeo dorado siempre acaba en las manos de las mismas selecciones.
Para ganar el Mundial no se necesita un excelente equipo, como pueden pensar algunos. Un Mundial lo gana aquel que se equivoca poco, aquel que los árbitros lo perjudican menos –o al que más benefician-, aquel que tiene un jugador desequilibrante, aquel que maneje mejor la ansiedad y aquel que cuente con mejor suerte.
No todos esos componentes son necesarios, pero con un 75% de ellos se puede ser campeón del mundo. Por el contrario, lo peor que le puede pasar a una selección es tildarla de favorito. Ese estigma lo acompañará durante todo el torneo y será una mochila extra. Nadie se dice a sí mismo favorito, pero aquellos que llegan mejor –España y Brasil, en este caso- no pueden hacer nada para evadir ese rótulo. Lo malo es que la expectativa es tan alta que cualquier cosa que no sea el título sonará a fracaso. Argentina y Francia eran los favoritos de 2002 y les fue mal. Brasil y Alemania lo eran en 2006 y no ganaron.
Además, el Mundial dura un solo mes. Cualquiera tiene un mes malo, hasta los mejores del mundo. Cualquiera tiene un mes que juega por sobre su nivel, hasta los jugadores más discretos. Nadie está exento de una lesión moderada, de esas que necesitan un mes de recuperación.
Los Mundiales de los últimos tiempos, salvo excepciones, se definen por detalles. Por pequeñeces que terminan haciendo las diferencias. Un penal polémico, un tiro en el palo, un off side mal cobrado… Las diferencias entre los equipos, sobre todo en los grandes, es ínfima. Y en un torneo donde en 90 o 120 minutos se decide quién avanza y quien se regresa a casa, todo puede pasar. Un error de uno lo pagan todos..
Lo grande del Mundial es que borra todo lo que pasó en los últimos cuatro años, ya sea malo como bueno. Si uno es campeón, todo lo que antes se le criticaba ahora se legitimiza. Y también al revés, si le va mal en el Mundial, lo de antes no sirvió para nada. En 2002, por ejemplo, a Luiz Felipe Scolari, DT de Brasil, le llovían las críticas y los insultos por marginar de la lista a Romario. Pero cuando fueron campeones, ya nadie se acordó de reclamar que el diminuto delantero no estuvo. Lo mismo pasó en España para la Euro 2008. La prensa deportiva y muchos aficionados presionaban al entrenador Aragonés para que llevara a Raúl. Lo criticaron ferozmente hasta que fue campeón sin él, cuando ya se quedaron sin argumentos.
En estos momentos, los técnicos más criticados son Diego Maradona y Raymond Domenech. Sin embargo, si a Argentina le va bien, ya nadie se acordará que sufrió para clasificarse y que Maradona fue criticado por probar a más de 100 jugadores. Al contrario, dirán que el título es fruto de ese trabajo minucioso de seleccionar a sus hombres. Claro, si les va mal ya está preparado el altar para crucificarlos.
Por el contrario, si a los que se supone que les tiene que ir bien les va mal, ya me imagino los comentarios. A España le pesó el favoritismo, se agrandaron, no soportaron la presión, los jugadores del Madrid y del Barcelona no podían congeniar dentro del grupo… Y de Brasil dirán que Dunga se equivocó en la elección del equipo, que hubo exceso de confianza, que debió llevar a Ronaldinho y a otro veteranos…
Todos, técnicos y jugadores, serán juzgados por lo que pase entre el 11 de junio y el 11 de julio. Es un mes. Y es el mes en el que hay que jugar bien. No importa si jugaron bien en mayo. Tampoco importa si jugarán bien en agosto. Es sólo un mes. Parecería fácil, porque se supone que es mucho más difícil jugar bien todo un año, como lo han hecho Messi, Ronaldo y otros… Pero este mes vale como ningún otro en los próximos cuatro años. ¿Quién será el empleado del mes?








