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Nació el 14 de mayo de 1967 en Balcarce, Argentina. Desde hace cinco años es editor del periódico El Diario de Hoy. Su especialidad son los deportes, el cine y los viajes. Cubrió los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y el Mundial de Alemania 2006. Ha viajado, por trabajo y por placer, a más de 60 países en el mundo.

26 Octubre 2008

Que el árbol no nos tape el bosque

Archivado en: General — @ 20:55

El fútbol tiene interpretaciones muy subjetivas y a veces es necesario medirse para no caer en extremismos. Los que hasta hace unos meses decían que la Selecta era el peor de los males de este país, ahora sostienen que hay equipo como para clasificarse al Mundial 2010. Es más, el 2-0 del amistoso contra Bolivia en Washington alimentó ese fervor hasta transformarlo en un exitismo peligroso.
El resultado, al margen de que los bolivianos no llevaron a la mayoría de sus habituales titulares -los atacantes Joaquín Botero y Marcelo Martins, por ejemplo-, sirve para tomar confianza y para ganar roce internacional, lo cual siempre es bueno. Esta victoria, sumada a las logradas contra Haití y Surinam, puede hacer generar una expectativa desmedida que luego podría desembocar en el desengaño. No está mal soñar con ir a Sudáfrica. De hecho, matemáticamente tiene las mismas posibilidades que los otro cinco participantes y nadie, por más difícil que parezca la misión, debe resignarse…
Es problema es pensar que el fútbol salvadoreño ha cambiado.
Lo que se han dado es un par de resultados, por eso la alegría de la gente, que es auténtica y espontánea. Pero qué ha cambiado en los últimos meses?
Nada. Por eso, es importante que el árbol no nos tape el bosque, que un par de buenos resultados nos hagan perder de vista que la estructura del fútbol local es la misma de siempre.
Los equipos de fútbol no han hecho nada para que regresen las reservas ni para tener canteras para que los jóvenes estén compitiendo todo el tiempo.
La Federación -más que nunca manejada a gusto y placer de Rodrigo Calvo, que parece el dueño del circo y no el presidente de la comisión normalizadora-, no hace otra cosa que hacer proselitismo para sí mismo. Pero no ha hecho nada por el desarrollo del fútbol. La organización de los torneos es lamentable, los equipos están quebrados, los estadios en pésimas condiciones, nadie va a la cancha… Los clubes también tienen su parte de culpa, por supuesto.
Al asumir, Calvo prometió que regresarían las reservas -algo fundamental para que surjan nuevos jugadores, aunque lo ideal sería divisiones inferiores obligatorias-, que tramitaría créditos blandos para los equipos, que le apostaría a los jóvenes, que reduciría el número de extranjeros… No ha hecho nada de eso. Lo que hizo es desaparecer cuando llegaron los problemas y sumarse a los jugadores cuando estos ganan para poder salir en la foto.
Lo único bueno que hizo, además de la contratación de Carlos De los Cobos, es conseguir que los jugadores, después de infinitos pedidos, puedan concentrarse en un hotel digno y no en el albergue de la federación. Suena a poco para casi tres años de gestión.
La Selecta ha mejorado, es cierto, pero eso es propio de los vaivenes del fútbol, sumado a la paciencia del técnico mexicano y al buen nivel que pasan algunos jugadores, pero no hay que engañarse. Nada ha cambiado en la estructura del fútbol como para vislumbrar un futuro distinto.
Y voy a poner un ejemplo del año 2003, cuando al equipo lo dirigía Juan Ramón Paredes. Ese año, El Salvador le ganó 2-1 a Panamá de visita, también superó 1-0 a Honduras y además, por si fuera poco, venció 2-1 a México en Los Ángeles. Todo con un equipo juvenil -la base de los medallistas de oro del Centroamericano y del Caribe de 2002- que parecía tener mucha proyección. Tres resultados que invitaban a soñar con un nuevo resurgir, sin embargo nada pasó, siguieron cinco años aciagos. Los resultados sirven para generar entusiasmo, pero si no hay un cambio en serio de las estructuras, la historia volverá a repetirse.
Y nada mejor que hacer los cambios ahora, cuando la euforia está en su punto más alto, cuando se pueden conseguir patrocinadores y todos quieren ser parte de este proceso. Es ahora o nunca.

19 Octubre 2008

Talento y rebeldía

Archivado en: General — @ 18:25

Eliseo Quintanilla ha vuelto a ser el eje de la discordia. En medio de la euforia por la clasificación al torneo hexagonal que definirá las tres plazas directas para Sudáfrica 2010, el mediocampista salvadoreño otra vez terminó siendo el comentario de todos. Y no precisamente por hacer algo bueno, a pesar de que anotó el segundo gol ante Surinam.

Cuando el técnico De los Cobos decidió reemplazarlo, Cheyo no disimuló su desaprobación. No saludó a William Torres Alegría y se fue directamente al camerino visiblemente ofuscado. Su actitud, reprochada por cada uno de los aficionados que se dio cuenta de eso, fue comentada en los medios toda la semana. Que es un rebelde, un malcriado, la manzana podrida del grupo… No faltaron los calificativos, que además sirvieron para recordar sus problemas con la bebida.

No quiero ser el abogado de Quintanilla, porque yo lo defendí cuando falló el penal en Costa Rica y muchos lo acusaron de hacerlo a propósito. Me parece que la actitud de Cheyo no es grave. Se trata de un gesto natural de una persona que quería seguir jugando. Hace poco sucedió algo parecido con Samuel Etoo en el Barcelona y no hubo castigo ni nada parecido. Son cosas que pasan en los partidos con jugadores de carácter especial, de esos que hay en todos los equipos.

Cheyo es así, hay que aceptarlo como tal. Es imposible cambiarlo y muy difícil domesticarlo. Hay jugadores sumisos, otros que se adaptan al clima del plantel y otros que siempre mantendrán su personalidad. Está en su esencia. Pero para eso están los entrenadores, son los que deben manejar un grupo con gente de personalidad diferente y sacarlo adelante. Un equipo ganador no se hace con un grupo de buenas personas –de ser así, mis amigos ganarían el Mundial cada cuatro años- sino con un grupo de buenos jugadores… Si además éstos son buenas personas y se llevan bien entre sí, mejor aún, pero no es una condición indispensable. Y si los equipos campeones parecen inmaculados es simplemente porque cuando uno gana los problemas se tapan y sólo ven la luz cuando comienzan a llegar las derrotas.

Volviendo a la actitud de Cheyo, a De los Cobos tampoco le pareció tan grave e incluso admitió que luego Quintanilla regresó al banquillo. Además, hay que recordar que Cheyo estaba en la lista negra de la anterior federación por alguna de sus actitudes y que alguna vez confesó que “hay que poner una bomba en la Fesfut, pero con los dirigentes adentro”.

Repito, no me pareció grave esa actitud de no saludar que a la mayoría de mis colegas les pareció digna de una sanción ejemplificadora. No. Sin embargo, hay un hecho de Quintanilla que sí me pareció descalificador y que a casi todos les pasó inadvertido.

Apenas iban 14 minutos cuando el volante salvadoreño hizo una durísima entrada a un jugador de Surinam que en cualquier otra parte del mundo hubiera sido tarjeta roja. Carlos Batres, mediocre árbitro guatemalteco, no se animó a expulsarlo y Cheyo se salvó. No hacía falta ese planchazo, fue totalmente injustificado porque además la jugado no suponía ningún peligro para el arco salvadoreño. Con un árbitro en serio, El Salvador hubiera jugado casi todo el partido con uno menos y todos hubieran cuestionado al “irresponsable” Quintanilla. Esa es una lección que hay que aprender porque Eliseo seguirá jugando con la azul, pero no siempre enfrente tendrá a un débil como Batres.

 

12 Octubre 2008

Efervescencia total

Archivado en: General — @ 20:59


Hace algo más de seis años que estoy en el país y admito que jamás había visto tanto fervor depositado en una Selección Nacional. Por primera vez en mucho tiempo, uno se pasea por las calles de El Salvador y ve más camisetas de la Selecta que del Real Madrid, Barcelona, Boca Juniors, Milan, Brasil o Argentina.

La gente recuperó el orgullo por el equipo nacional. Eso vale más que cualquier resultado, aunque obviamente uno y otro aspecto van de la mano. Se necesitan un par de buenos resultados para que la gente se encienda, para que cambie su humor y se renueven las expectativas… Es lógico, así pasa en casi todas partes del mundo. Hay pocas naciones como Escocia, donde su selección pierde la mayoría de los partidos que disputa y así y todo llena su estadio –el cantante Rod Stewart incluido- y la afición no para de mostrar la pasión por su equipo.

En las horas previas al juego contra Haití, las calles estaban inundadas de azul. Nadie pensaba en otra cosa que en el partido, que por al ambiente parecía que se iba a jugar en el Cuscatlán y no en Puerto Príncipe. Una lástima que luego el juego haya sido bastante malo… Bueno, el primer tiempo, lo único que se pudo ver por televisión porque el segundo no se vio “por causas ajenas a nuestra producción”. El opaco resultado y la frustración originada por los problemas técnicos terminaron por bajar los decibeles de un público urgido de una gran alegría, que ahora tendrá que esperar hasta el miércoles, cuando se mida contra Surinam, para poder celebrar la clasificación al hexagonal.

Si tengo que ser sincero, veo muy difícil que El Salvador se clasifique para Sudáfrica 2010. ¿Razones? Hay equipos mejores y con mayor oficio, e incluso si quedara en cuarta posición, lo que sería una proeza, no le veo eliminando a Uruguay, Colombia o Chile, que serían sus hipotéticos rivales en el repechaje.

Sin embargo, ese clima de triunfalismo que flota en el ambiente me parece positivo. De hecho, una encuesta realizada por LPG asegura que más del 60% de los salvadoreños cree que su equipo irá al Mundial. Piensan con el corazón y no con la razón, pero no importa. No hay nada peor que no creer en sí mismo ni batalla que se de por perdida antes de empezarla.

Y vuelvo a poner el ejemplo de Escocia, un fútbol sin estrellas pero con un calor popular inmenso. Cada vez que ese país participa en un Mundial –faltó a los dos últimos y también a EEUU 1994-, Rod Stewart vaticinaba que su país iba a ganarlo. Está claro que el cantante no tiene los dotes de Nostradamus ni de Walter Mercado a la hora de predecir, pero sonaba auténtico. Fiel a si mismo.

Insisto, veo muy difícil que El Salvador vaya al Mundial. Y lo digo desde la lógica, que a veces puede fallar. Pero más allá de que se quede en el camino, lo más importante es que la gente ha recuperado la pasión por su equipo y se ha reconciliado con los colores azul y blanco. Esa es la victoria más grande.

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