Estilo de vida

Hormonas y obesidad ¿Qué relación hay entre ambas?

Sabes que hormonas como la leptina, la insulina, el cortisol y la hormona del crecimiento, tienen una influencia en el apetito, el metabolismo y, por ende, en el peso.

Las personas que presentan sobrepeso u obesidad tienen niveles alterados de hormonas, que fomentan el metabolismo anormal y la acumulación de grasa corporal. 

Pero, ¿qué son las hormonas?, las hormonas son mensajeros químicos que regulan los procesos metabólicos en nuestro cuerpo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), del buen funcionamiento del sistema endocrino entre otros factores, depende nuestra salud, ya que este regula la liberación de hormonas esenciales para temas como: el metabolismo, el crecimiento y desarrollo, el sueño o el estado de ánimo.1 Además, las hormonas influyen en el peso debido a que los excesos o deficiencias de estas, pueden conducir a la obesidad, pero, también la obesidad puede conducir a cambios en la segregación de hormonas.

Es importante aclarar, que la obesidad no sólo está relacionada a un tema hormonal, sino que es una enfermedad crónica que requiere un tratamiento médico a largo plazo. Ya que su naturaleza es compleja y multifactorial, siendo influenciada por factores genéticos, fisiológicos, ambientales y psicológicos y se asocia con consecuencias graves para la salud.

El papel de las hormonas 

Imagen de cortesía

El tejido adiposo es un órgano endocrino que segrega numerosas hormonas como la leptina e insulina.6 Estas hormonas en conjunto con el cortisol, la hormona del crecimiento y otras, influyen en el aumento de apetito, el metabolismo (la velocidad en la que el cuerpo quema calorías para generar energía), y la distribución de la grasa corporal. Las personas que presentan sobrepeso u obesidad tienen niveles hormonales que fomentan el metabolismo anormal y la acumulación de grasa corporal.

El doctor Victor Nolasco, Gerente Médico de Novo Nordisk CLAT, expresó que“el cortisol es una de las hormonas más influyentes en el peso, ya que controla el metabolismo lipídico, proteico y glucídico. Cuando está alterado genera un fenotipo caracterizado por obesidad visceral, diabetes o resistencia insulínica e hipertensión arterial. Esta hormona, también influye indirectamente en el apetito mediante la regulación de otras sustancias químicas que se liberan durante el estrés como la CRH (hormona liberadora de corticotropina) y la leptina”. 

La leptina, según Nolasco, actúa inhibiendo el apetito, activa el gasto energético (pérdida de grasa) y afecta numerosos procesos metabólicos;  la insulina, por otra parte, es una hormona que regula la cantidad de glucosa que hay en la sangre y es clave para controlar el peso, pues de ella depende si se tiene más o menos grasa o que se genere más masa muscular cuando el cuerpo sintetiza las proteínas.

Los diferentes tipos de hormonas no solo cumplen funciones vitales para controlar determinados procesos biológicos en el organismo, sino que también condicionan el comportamiento e incluso el estado de ánimo; el cual influye en la forma en que nos alimentamos y viceversa. Un desequilibrio hormonal puede llevar a una depresión, o a ver y sentir la realidad de un modo diferente. Una de las principales hormonas que afecta el comportamiento y el ánimo es el cortisol, siendo la responsable de activar el estado de estrés y ansiedad.

“Cuando estamos alegres nuestro apetito suele ser el que normalmente tenemos, mientras que, si estamos tristes o momento de tensión suele disminuir; pero también en ocasiones puede suceder el efecto contrario y darnos un atracón” dijo Nolasco, por lo que hace hincapié en la necesidad de trabajar de la mano de un profesional médico para sobrellevar la obesidad como una enfermedad que requiere atención integral. 

Te brindamos algunas recomendaciones prácticas que combinadas con la atención médica pueden ayudarle a su sistema endocrino a mantener un balance saludable, según el especialista: 

Dormir suficiente: es recomendable que disfrute de entre 7-8 horas de sueño diarias, ya que al no hacerlo se podría contribuir a la ganancia de peso.
Mantente activo: al menos tres veces por semana. Salir a caminar, trotar o correr ayuda a despejar la mente y a liberar estrés. 
Autocuidado: es un momento de poca actividad social, por lo que se puede traducir en una oportunidad de mantener una alimentación sana y de atender nuestras necesidades personales.
Potenciar las relaciones sociales: apoyarse en amigos y familiares, llamarlos y conversar con ellos. Compartir las experiencias y empatizar unos con otros.

 

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