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Trump aconsejó «disparar en las piernas a los migrantes»

La orden de cerrar la frontera fue un punto que desencadenó una frenética semana de furias presidenciales.

Primero habló de fortificar un muro fronterizo con una hondonada llena de agua en la que nadaran serpientes y caimanes; luego una pared electrificada con puntas en la parte superior capaces de perforar la carne humana; después que los soldados dispararan balas a los migrantes que les tiraran piedras.

Sus asesores le dijeron que todas esas opciones eran ilegales. Pero más tarde su mente volvió a encenderse: aconsejó disparar a los migrantes en las piernas para detener la loca carrera que llevan cuando van a cruzar la frontera.

Esas son las opciones que hace algún tiempo pasaron por la cabeza del presidente Donald Trump en su obsesión por frenar los ingobernables flujos de migrantes que quieren entrar a Estados Unidos, según una publicación del New York Times.

“El presidente estaba frustrado y creo que se tomó ese momento para presionar el botón de reinicio”, dijo Thomas D. Homan, exdirector interino de Inmigración y Control de Aduanas de Trump, citado en el artículo del Times. “El presidente quería que se arreglara rápidamente”, agregó.

La orden de Trump de cerrar la frontera fue un punto de decisión que desencadenó una frenética semana de furias presidenciales, pánico permanente del personal y mucha más confusión en la Casa Blanca. Al final de la semana Trump había cedido en sus pretensiones contra los migrantes. Pero eso sí: estaba decidido que lo mejor era deshacerse de sus asesores que le dijeron que no a sus ideas.

Pero hoy, según el Times, Trump está rodeado de asesores genuflexos que no están dispuestos a decirle que no. Al periódico neoyorquino le dijo: “Tengo poder absoluto para cerrar la frontera”.

Esa tarde de marzo, en la Oficina Oval, una reunión de 30 minutos se extendió a más de dos horas mientras el equipo de Trump intentaba desesperadamente aplacarlo.

“¡Me estás haciendo ver como un idiota!”, gritó Trump, agregando una blasfemia, como lo describieron varios funcionarios en la sala.

Entre los que estaban en la sala estaban Kirstjen Nielsen, la secretaria de seguridad nacional de la época; Mike Pompeo, el secretario de estado; Kevin K. McAleenan, el jefe de Aduanas y Protección Fronteriza de la época; y Stephen Miller, el asistente de la Casa Blanca que, más que nadie, había orquestado la agenda de inmigración de Trump.

Mick Mulvaney, el jefe de gabinete interino también estuvo allí, junto con Jared Kushner, el yerno del presidente y otros funcionarios superiores.

Nielsen, ex ayudante de George W. Bush traído al departamento por John F. Kelly, ex jefe de gabinete del presidente, estaba en una posición peligrosa. Siempre fue vista con sospecha por el presidente, quien le dijo a los asistentes que ella era “una Bushie” y parte del “estado profundo” que una vez contribuyó a un grupo que apoyó la campaña presidencial de Jeb Bush.

Trump había reprendido rutinariamente a Nielsen por ineficaz y, lo que es peor, al menos en su opinión, no lo suficientemente dura. Un cierre completo de la frontera, dijo Trump, era la única manera.

Nielsen había intentado razonar con el presidente en muchas ocasiones. Cuando ella se enfrentó a él durante una reunión de gabinete la primavera anterior, él la reprendió y ella casi renunció.

Podemos cerrar la frontera, le dijo al presidente, pero no va a arreglar nada. Las personas aún podrán solicitar asilo.

Pero Trump no se conmovió. Incluso Kushner, quien había desarrollado relaciones con funcionarios mexicanos se puso del lado de Nielsen. Pero todo fue en vano. “Lo único que te importa son tus amigos en México”, espetó el presidente, según las fuentes del Times.

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